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Colección de Pintura Contemporánea Internacional de la Fundación Barrié

04/04/2016

Con el paso de los años, continúa vigente la tendencia que tenemos de ver el mundo en términos pictóricos. Tanto es así, que se podría afirmar que de la pintura únicamente sobrevive invariable el propio término 'pintura', que se estira y acoge nuevas circunstancias y contingencias. De ahí que, como toda colección de algo vivo, esta colección dedicada a escrutar las posibilidades de la pintura esté siempre en construcción y se renueve a partir de nuevas obras, autores o tendencias.

Algunas obras de la Colección de Pintura Contemporánea Internacional de la Fundación Barrié muestran la compleja relación entre el espacio ilusionista de la pintura y la presencia física de la escultura, situándose en la intersección de la pintura, la escultura, la instalación y la arquitectura. Es el caso de Hollow Places Court in Ash-Tree Wood de Jessica Stockholder, paradigma de lo que se ha denominado pintura expandida. Una pintura que permite seguir hablando de composición, espacio, color o ritmo y nos remite a la tradición de la pintura. En otros casos, como el de Miquel Mont, Fabian Marcaccio o Katharina Grosse, el espacio arquitectónico es ahora la superficie para pintar. Con más contención, artistas como Adrian Schiess, Ángela de la Cruz, Daniel Verbis, Pedro Barbeiro o Jorge Perianes burlan el marco tradicional, mientras otros como Imi Knoebel, Gerardo Burmester, Pedro Calapez, José Pedro Croft, Manuel Caeiro, Jason Martin o Álvaro Negro abrazan su posibilidad escultórica. Resulta evidente que para muchos artistas es insuficiente la mera exposición de cuadros, buscando el efecto doble de imágenes producidas dentro del cuadro e imágenes conformadas fuera de él. Así, artistas que parten de lo mínimo para a través de un juego de escalas desvirtuar nuestra capacidad perceptiva, como Jean-Marc Bustamante, Ignacio Uriarte o Peter Zimmermann, son el punto de partida de quienes abordan la pintura o lo pictórico otorgando al dibujo un papel esencial (Jonathan Lasker, Paulo Climachauska, Sandra Cinto, José Lourenço), al collage como paradigma de lo contemporáneo (Shinique Smith, Suso Fandiño) o al archivo como activo simbólico (Diego Santomé).

Pero la pintura no sólo ha desbordado su lugar sino que ha sido capaz de desprenderse de la materia que la caracterizaba, reencarnándose en otros medios como la fotografía o el vídeo, tendencia que advertimos aquí en fotografías como las de Perejaume, Ignasi Aballí, João Penalva, Rita Magalhães, Tracey Moffatt o Manuel Vilariño, en instalaciones de luz como la de Albano Alfonso o en vídeos que introducen el tiempo en la pintura, como el de Carlos Irijalba. La existencia de un imaginario iconográfico compartido y la manera de observar y trabajar la realidad, hacen que lo pictórico funcione como pintura en tanto que idea o pensamiento que precede a su plasmación en superficie. Porque ante cada imagen proyectamos una expectativa inconsciente derivada de una contaminación irreversible de referentes visuales adquiridos previamente. Mientras, en artistas como Simeón Saiz Ruiz se da el caso contrario, ya que parte de la imagen televisiva para recuperar críticamente la capacidad narrativa e informativa de la pintura de historia, acción que encaja con todo un tipo de pintura que trabaja desde la construcción de la experiencia conectando la realidad con acontecimientos políticos (Carlos Correia) o ambientes ficticios y escenas cotidianas (Miki Leal, Andrei Roiter, Curro González, Alain Urrutia); en definitiva, una pintura que habla de todo lo que nos rodea. La imagen fotográfica o televisiva se reencarna ya no en medio sino en una particular manera de ver. Otros artistas, como Gil Heitor Cortesão, invierten el orden tradicional de la pintura al pintar primero lo que queda en primer plano, trabajando así varios grados de complejidad de la imagen al utilizar la superficie como medio para producir un extrañamiento al pintar por detrás del cristal. La figuración en todos estos artistas es previa a la pintura; el lienzo ya no está vacío de antemano y la pintura no sirve para producir la imagen sino que es la imagen la que nos sirve para producir pintura.

Por otro lado, en las últimas décadas no han faltado artistas que hablan de lo específico de lo pictórico, desarrollando procedimientos del acto de pintar (Fiona Rae, Herbert Brandl, Nico Munuera, Yves Oppenheim), el automatismo del gesto gráfico (Otto Zitko), de la mancha (Günther Förg), la distorsión perspectiva (Frank Nitsche), la deconstrucción del espacio (Tobias Lehner), la lenta conquista del soporte (Helmut Dorner) o sus propios restos (Teo Soriano). Entre tanto, la promiscuidad de la imagen contemporánea ha llevado a la pintura a una suerte de neobarroquismo, a una tendencia a lo extremo, definiendo una pintura contemporánea predominantemente híbrida y cada vez más tendente al collage y a la disolución de las disciplinas, características claves en la construcción de esta colección, que partiendo de una lógica contemporánea, se define con el tiempo y se proyecta dinámica, con el fin de aportar una mejora de las perspectivas sociales y culturales de la sociedad, con vocación pedagógica y crítica, como todo arte contemporáneo.

David Barro

Sobre el autor:

David Barro López (Ferrol, 1974) es crítico de arte, comisario, editor, coleccionista y director de la Fundación Luis Seoane. Ha sido asesor de la Colección de Arte Contemporáneo de la Fundación Barrié entre 2008 y 2012.


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